Caminando de regreso hacia nuestro camerino detrás de los escenarios en el Hell & Heaven Fest en México, tuve una sensación de euforia. Acababa de experimentar un espectáculo surrealista a medio día en el escenario principal con mi banda Deadly Apples frente a una multitud masiva de fans. Nuestros espectáculos suelen ser muy intensos, y la audiencia mexicana siempre es eufórica, pero esto fue diferente. En medio del brote de coronavirus, este fue el último gran evento en el mundo que no se canceló – el último festival en la tierra.

Tras años de centrarme en mi carrera en la industria cinematográfica, decidí volver a la música como artista con mi antiguo compañero de banda Alex líder y letrista de Deadly Apples. Hemos tenido el privilegio de recorrer el mundo durante los últimos tres años, incluida una gira de dos meses por anfiteatros y arenas de Estados Unidos con Rob Zombie y Marilyn Manson, una gira japonesa con Korn, una gira sudamericana con Deftones, así como varios espacios en el escenario principal de eventos de alto perfil como el Knotfest de Slipknot y el Vans Warped Tour.

Durante ese período, logramos construir una base sólida de admiradores en México al tocar en varios festivales, y en excelentes espacios como teloneros con Deftones y Front 242. Nuestro mayor espectáculo en ese país fue el Hell & Heaven Fest 2018: tocamos justo antes de Ozzy Osbourne frente a una multitud de 80,000 asistentes al festival. Cuando recibimos la invitación para tocar en ese festival nuevamente en 2020, estábamos entusiasmados. México a menudo puede convertirse en un dolor de cabeza logístico cuando se toca allí, pero también es parte de su encanto y siempre se convierte en una aventura impredecible.

La noche antes de la salida, el 12 de marzo de 2020, toda la banda y el equipo se reunieron en nuestra sede principal cerca de Montreal para un ensayo y para estar más cerca del aeropuerto para nuestro vuelo temprano a la mañana siguiente. Durante la semana pasada, escuchamos más sobre la propagación mundial del coronavirus y el sin fin de cancelaciones de eventos. Mientras ensayábamos, el gobierno de Quebec prohibió todas las reuniones de más de 250 personas. Estábamos nerviosos de la cancelación del festival, pero el promotor nos aseguró que seguiría en pie. Después de hablar con mi médico e investigar la cantidad de casos en México en ese momento, que eran muy bajos considerando la población, decidimos continuar. Mientras estábamos en el vuelo, el gobierno canadiense solicitó a todos los ciudadanos que permanecieran en el país o que regresaran a casa de inmediato y que permanecieran en cuarentena durante 14 días. Fue surrealista.

Una vez que llegamos a la Ciudad de México, todo seguía como siempre y la vida seguía siendo normal, un fuerte contraste con la creciente crisis en casa. El único cambio notable fue la cantidad de bandas que cancelaron su aparición en el festival: Megadeth, Cypress Hill, Sum 41, King Diamond, Death Angel, Black Flag y muchos más. Al leer todas las noticias, nos dimos cuenta rápidamente que todos los demás festivales del mundo habían sido cancelados y este era el último en pie. Creo que este extraño contexto no se perdió en ninguno de los fanáticos y bandas que asistieron. Éramos los únicos que quedaban en el mundo que pudimos vivir un momento como este y probablemente el último por un tiempo.

Subimos al escenario ante un mar de gritos de fans mexicanos y fuimos recibidos como héroes. Abrimos nuestro espectáculo con nuestra canción Infection, que ahora adquiere un significado completamente nuevo,  el ambiente era irreal. Si bien la mayoría de las bandas se mantuvieron alejadas de la multitud, la interacción intensa de la audiencia es parte de nuestro espectáculo y nada iba a cambiar eso. Alex bajó a la berrera de contención del público y surfeó entre la multitud varias veces. Durante la última canción, atravesó toda la sección VIP del escenario principal hasta llegar a la barrera de admisión general al lado de la torre de la explanada gracias al cable de su micrófono de 200 pulgadas y luego saltó directamente a esa audiencia. Su ropa casi se desgarró mientras los fans estaban siendo aplastados por el pogo cercano. Fue un caos absoluto. Fue una celebración del arte visceral mientras el mundo, tal como lo conocíamos, aparentemente estaba llegando a su fin.

Debido a todas las cancelaciones, nos pidieron que volviéramos a tocar al día siguiente en el mismo espacio, lo cual era muy inusual. Tuvimos la oportunidad de volverlo a hacer y fue aún más intenso. Se sintió como el día  del fin de los tiempos. La noche antes de nuestro regreso, el gobierno canadiense anunció el cierre de la frontera. Comenzamos a preguntarnos si podríamos volver a casa, pero finalmente lo hicimos. Las solicitudes de entrevistas comenzaron a llegar tanto de la prensa canadiense como mexicana. Mientras que la mayoría de la gente nos elogió en las redes sociales por tener las agallas para rockear hasta el final, otros nos criticaron por ser imprudentes. Al final, todos respetamos la cuarentena para proteger a los demás y ninguno de nosotros se infectó.

Desde nuestro regreso el 17 de marzo, la situación ha ido dramáticamente cuesta abajo en muchos niveles. A lo largo del último año todos nuestros planes de gira se han descartado o pospuesto, incluida una gira europea con paradas en los principales festivales como Hellfest. Estamos usando este tiempo para terminar un nuevo álbum DISTRESS con el productor de Soundgarden Michael Beinhorn, ayudándonos con la preproducción. No importa lo que suceda después en estos tiempos apocalípticos, me siento contento de saber que tocamos en lo que es actualmente… el último festival en la tierra.

 

Por Antoine Lamothe, baterista y compositor principal de la banda de rock de Montreal Deadly Apples